Rutas por la comarca
Rutas en BTT:
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Pizarra - Coín
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Coín - Alhaurín el Grande
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Alhaurín el Grande - Cártama
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Cártama - Almogía
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Almogía - Valle de Abdalajís
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Valle de Abdalajís - Álora
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Álora - Pizarra
Partiendo desde Pizarra, en plena vega del Río Guadalhorce, accederemos, después de disfrutar de los típicos paisajes y aromas de cítricos, a la zona de vocación cerealista más extensa de la comarca: La Jara. Reducto de horizontes de antaño, libres de cables, urbanizaciones, carreteras…y repleto de cortijos, mojones y vestigios del pasado. La Jara, para quien la conoce o ha oído hablar de ella, evoca trémulos océanos verdes, palpitantes playas doradas y agobiantes jornadas de siega al cansino ritmo de la chicharra. Pero La Jara también se acaba: y lo hace con Río Grande, serpiente cristalina y verde con la cabeza bajo la Sierra de las Nieves y la cola en el Mediterráneo.
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Esta etapa, que transcurre por la zona suroeste del Valle del Guadalhorce, goza de una riqueza paisajística e histórica fuera de lo común. No en vano discurre por las huertas históricas del “Paraíso ameno” (Coín) y el “Jardín de Alá” (Alhaurín el Grande) de los musulmanes, acercándose a varios manantiales utilizados, al menos, desde los primeros asentamientos humanos estables en la zona. Igualmente los caminos por los que discurrimos están cargados de historia, pues transitamos por varios tramos de las dos vías pecuarias que posee el municipio de Coín, así como por caminos de uso ancestral como es el de “Los Pescadores”, que se utilizaba para llevar el pescado desde las costas de Mijas y Fuengirola hacia el interior, y el Camino de “Coín a Alhaurín el Grande”, que unía estos dos pueblos hermanos.
Respecto al paisaje, as un lado las huertas de los valles de Coín, Alhaurín y del propio Guadalhorce; al otro, las sierras que nos separan del litoral, que pobladas de pinos en su mayor parte, nos sorprenden por su verdor y exuberancia. Estas sierras, Blanca y Mijas, esconden además los acuíferos de mayores dimensiones de la comarca, que son los que se derraman por las numerosas fuentes y manantiales que poseen ambos pueblos.
Sobre la zona suroeste del Valle del Guadalhorce, entre huertas, partimos del “Lugar”(Alhaurín el Grande) y entre huertas y sierra llegamos a Cártama; atravesando parte del “Valle del Limón”. Pedaleamos a media ladera, dominando en todo momento el fondo del Valle del Guadalhorce; ése que en determinados momentos de la historia geológica fue un brazo de mar que unía el Mediterráneo con el Atlántico a través de la también sumergida Depresión del Guadalquivir. Los pagos que nos rodean son patrimonio puro, por la abundancia e importancia de los yacimientos arqueológicos aparecidos. Pasaremos de ese modo del Jardín de Alá a la Ciudad Escondida; observando, no demasiado lejos, el lugar donde debió estar la Villa musulmana de Benamáquex; pasada a cuchillo en 1485 por los Reyes Católicos.
Desde la base de una sierrecilla caliza, la de Cártama, situada en el centro de la comarca del Valle del Guadalhorce, nos encaminamos, tras cruzar el río del mismo nombre y transitando sobre depósitos de materiales postorogénicos del Cuaternario, a las estribaciones occidentales de los Montes de Málaga, donde predominan las pizarras. Vamos pasando así, de los tonos grisáceo-azulados de las sierras calizas. A los verdes de las riberas del Guadalhorce, para terminar en los marrones de los Montes de Málaga. La vegetación también varía; desde los típicos matorrales aromáticos de la Sierra de Cártama, a los olivares de la base de la sierra; las zonas de regadío del fondo del valle y los sotos del río, a los almendrales y manchones de los cerros del camino de la Campana, Santi Petri, y los alrededores de Almogía.
Se trata de la ruta más dura de cuantas componen este recorrido por el Valle del Guadalhorce. A la salida, preparémonos bien, no olvidemos el agua y paciencia para enfrentarse, especialmente a los cerros pizarrosos que, poco a poco, nos suben hasta la Ermita de las Tres Cruces y luego nos acompañan hasta Almogía.
Por estos predios en la zona más septentrional del Valle del Guadalhorce, terreno de vides, almendros y grano, discurre una ruta que aprovecha parte del antiguo “Camino Real de Málaga a Antequera”, a lo largo de la que podremos contemplar cómo el tiempo se detiene en algunos cortijos y ventas o cómo nuestros ancestros plasmaron su arte en determinados abrigos. Tampoco faltan elementos etnográficos como pozos, abrevaderos o eras, lo que unido a un variado paisaje, que destaca sobre el telón de fondo de las sierras calizas de la alta cadena, configuran un recorrido en el que disfrutar del paisaje, la historia y la cultura.
El Valle de Abdalajís se muestra como pueblo con historia, mucha historia, como lo demuestran los numerosísimos yacimientos que encontramos en su pequeño término municipal, situado en el punto de paso entre las comarcas de Antequera y el Valle del Guadalhorce. Poco a poco vamos pasando, de las laderas verticales y los picachos, a las huertas de Álora, con un punto de inflexión donde se doma al río Guadalhorce: “El Chorro”. Aquí, muy cerca del “Desfiladero de los Gaitanes” y rodeado de sierras salvajes, fenece el río para convertirse en agua apresada, que mediante acequias y canales se transporta hasta Málaga o se reparte por la vega permitiendo el sostén de un admirable paisaje agrícola. La última parte del recorrido, hasta llegar a Álora discurrimos por esta vega, disfrutando de paisajes rurales y aromas que nos trasladan a los tiempos de Jarifa, Abindarraez y Rodrigo de Narváez.
Salgamos de Álora mirando atrás. Admiremos sus casas colgadas sobre el tajo y algo después, un poco más lejos, volvamos a mirar, para apreciar lo estratégico del lugar elegido para la ciudad y el Castillo. Allí, en lo alto del cerro, aún se yergue sobre sus fenicios cimientos de piedra; inexpugnable como demuestra la muerte, allá por 1434, a los pies de sus murallas, del “Adelantado de Andalucía”, Don Diego de Rivera, lo que se encarga de transmitirnos el famoso romance fronterizo “Álora, la bien cercada”.
La mayor parte del recorrido la hacemos junto a uno de los canales de riego del Guadalhorce, lo que provoca que la pendiente sea mínima y además de bajada en todo el camino.